AÑO SANTO 2017 ULTIMA ESTACIÓN

AÑO SANTO 2017, ULTIMA ESTACIÓN.

QUE ES FUNDAMENTALMENTE UNA PEREGRINACIÓN.

Definición de Peregrinación.

Se conoce bajo el término peregrinación a aquellos recorridos y viajes que realiza una persona desde un punto cualquiera hacia un santuario o templo en honor a la religión que profesa y al Dios que sigue.

El peregrinaje o peregrinación es una muestra más del sacrificio que realiza el creyente en honor a su dios, ya que por lo general los recorridos a seguir suelen ser largos y presentar dificultades en el camino. De tal modo, el mismo puede volverse un modo de demostrar devoción hacia el Dios en el que cree.

En muchos casos, el peregrinaje mismo es considerado el ejercicio de conexión con la deidad ya que en él el creyente se encuentra a sí mismo reflexionando sobre su Dios.
La peregrinación ha sido a lo largo de los siglos una de las muestras de fe y devoción más popular en diferentes sociedades.

En este sentido, tanto algunas de las sociedades de la Antigüedad como las culturas medievales y muchas otras posteriormente, recurrieron a la peregrinación como una de las formas de expresión popular más importantes al ser la religión el centro de toda la vida.

Las peregrinaciones en aquellos tiempos podían incluir el recorrido de caminos muy extensos a pie, caminos que por lo general se extendían entre la naturaleza (con todo lo que eso implicaba a nivel de dificultad) y concluían con ceremonias religiosas en el lugar donde se ubicaba el santuario o templo.
En la antigüedad la peregrinación, en especial a Tierra Santa, tenía un carácter penitencial, debido en gran parte a las dificultades que tal ejercicio comportaba: problemas políticos, incomodidad, viajes difíciles. Los peregrinos estaban animados por una profunda fe religiosa y estaban preparados para la muerte, que, muchas veces, les sucedía durante el camino.
La peregrinación era también una ocasión de expiación de culpas. Por eso a los peregrinos que realizaban el viaje para expiar sus pecados se les quitaba el vestido mundano, símbolo del pasado de pecado, se les vestía con el hábito de peregrino, expresión del cambio que querían realizar.

Hoy, con las facilidades y comodidades que dan los modernos medios de transporte, con los hoteles de lujo, etc., ha desaparecido en parte el aspecto exterior de tal penitencia y a menudo la peregrinación, aún en aquellos que la hacen por motivos estrictamente religiosos, se puede convertir en un viaje turístico.

 

No es fácil ser peregrino.

 

Debe meterse ante todo por caminos que el Señor le indicará para llegar hasta Él.

Lo esencial de la peregrinación es la decisión interior de responder a la llamada del Espíritu de modo personal, como discípulos de Jesús.

La peregrinación es pues “un camino de conversión”: en ella el peregrino calca la experiencia del “hijo pródigo”, quien conoce el pecado, la dureza de la prueba y de la penitencia, el sacrificio del viaje, pero conoce también la alegría del abrazo del Padre rico en misericordia que lo reconduce de la muerte a la vida.

Por eso, en este proceso de “cambiar vida” y orientarla hacia Dios será muy importante la participación en el sacramento de la reconciliación; en él el peregrino se da cuenta de su pecado, confiesa su culpa y experimenta la gracia

y la misericordia divina.
El peregrino preparado a encontrar a Cristo vivo en la Eucaristía

Si la Biblia es por excelencia el libro del peregrino, la “Eucaristía es el pan que lo sustenta en el camino”.

La celebración eucarística acompaña las diversas etapas de la peregrinación y debe reflejar los acontecimientos pascuales del Éxodo, pero sobre todo la de Cristo que celebra su Pascua en Jerusalén, al final de su largo viaje hacia la Cruz y la gloria.
Sólo así la peregrinación tendrá sus frutos.

Lo decía Juan Pablo II: “Todo peregrino, al final del camino en el que su ardiente corazón aspira a ver el rostro de Dios, está llamado a reconocer al Salvador… en el pan compartido”.

El Santuario de la Vera Cruz de Caravaca, centro de llamada.
Los santuarios se destacan como lugares especiales que reúnen tres factores básicos: un objeto o hecho mistérico, un lugar considerado sagrado y gentes que peregrinan. Se erigen como centros de llamada que reúnen un significado simbólico.

En él se da un orden, una llamada a la unidad, un mensaje más trascendente; es una respuesta a la búsqueda de sentido que el hombre pretende.

El Santuario de la Vera Cruz: Por su situación geográfica expresa perfectamente la idea de centro simbólico de llamada, por su emplazamiento en un montículo y el templo con tres capillas superpuestas en altura, visible desde todos los puntos, preside todo el contorno, destacándose en su condición de foco de atracción y final de meta y camino.

El Santuario y la Vera Cruz nos recuerdan siempre la grandeza del origen cristiano que ha sellado la identidad de estas tierras. Es también testigo, testimonio y  signo de la permanencia de este sentido del origen que sigue alentado la fe de los fieles.

Es signo de horizonte abierto y esperanza de que la Cruz va a seguir siendo fundamento sólido de identidad.